Los perros dependen mucho de tu cariño. Solo les importa verte contento y que les hagas todas las caricias del mundo. Se alegran cuando te ven y disfrutas de su evolución vital.
De joven hay que agotarle y luego le ves envejecer contigo, porque lo hacen a un ritmo mucho más acelerado. Se van volviendo más tranquilos, duermen un montón y te demandan mucho afecto, como el que destilan a raudales contigo.
Este can juguetón desplegaba los juguetes que le habían regalado para expresar uno u otro estado de ánimo. Recibirte con el pulpo en la boca era su mayor homenaje. También lo utilizaba como almohada para conciliar el sueño. Con los amigos y quienes frecuentaban la casa, mostraba una enorme alegría tremendamente contagiosa, particularmente con aquellos en quienes percibía buenas vibraciones.
Su juvenil mirada de fuego se había opacado por las cataratas, pero seguía siendo enormemente cálida. Durante doce años fue una compañía impagable y nos deja un recuerdo de lo más entrañable.